domingo, 27 de marzo de 2011

Los subterráneos de Cáceres, por Alonso Corrales Gaytán.

De la web http://www.camaracaceres.es/actividades/publicaciones/libros/completos/61/contenidos/cine.htm he extraído este texto (incluido en el libro Los Misterios de Cáceres, coordinado por Esteban Cortijo). "Los subterráneos de Cáceres", que así se denomina este trabajo, presenta interés para aquellos a quines nos atrae este mundo del subsuelo.

De los miles de turistas que cada año visitan nuestra ciudad, sólo un número muy reducido se introduce en la belleza y misterio de nuestro barrio monumental, en lo auténtico de Cáceres, y quizás llegan a comprender lo que significa cada palacio, cada casa-fuerte, y en definitiva cada tumba, muro o piedra.
Pero desgraciadamente de todos estos visitantes, ninguno llega a enterarse de la existencia de una parte de Cáceres que hace, que ésta sea excepcional en lo referente a sus remotos orígenes, y que a pesar de que en la actualidad no sepamos valorarla como se debiera, está ahí y la han conocido nuestros antepasados.

Me estoy refiriendo a las construcciones subterráneas u ocultas de Cáceres.


Cáceres, sus construcciones ocultas

En el mes de enero del año 1993 salía a la luz mi libro relativo a un tema que a pesar de estar latente en Cáceres ciudad y en otras el momento por ningún investigador. Por primera vez se descubría al lector una serie de construcciones que habían permanecido durante siglos ocultas a los ojos humanos, tales como mazmorras, aljibes, galerías, y otras.
Todo se iniciaba en la primavera del año 1985, como consecuencia de haber encontrado diversas menciones del pasadizo por el cual se reconquistó Cáceres en el año 1229, comenzando así el interés por este tema relacionado con nuestra ciudad y poco conocido por la mayoría.

No son pocas las alusiones escritas que a principios del presente siglo hicieron referencia a esta galería, que inmediatamente la gente tituló "de la Victoria", y que en marzo de 1942 el por entonces Director del Museo Provincial de Cáceres, D. Miguel A. Ortí Belmonte, descubrió, siguiendo para ello fielmente los datos recopilados por D. Juan Sanguino Michel y D. Publio Hurtado Pérez, dos investigadores locales que dedicaron muchas horas a su localización.
Como consecuencia del inesperado hundimiento del muro sur del jardín de dicho edificio, se descubrió una escalera de caracol, así como una muy pronunciada rampa debido al gran desnivel existente entre la entrada y la dirección de la galería, llegando a recorrer un tramo de algo más de doce metros. La salida del mencionado túnel se descubre a bastante distancia del Museo, concretamente en la muralla, a los pies de la denominada Torre del Gitano (siglo XII). Salida que en los años treinta se encontraba disimulada por la existencia de una casa. Aparece en estos vestigios perfectamente determinada la Galería de la Victoria, siendo romana la entrada y árabe y cristiana el resto. Esta antiquísima construcción por la que entraron las tropas de Alfonso IX para reconquistar la ciudad, tiene al menos en la zona conocida, bóveda de ladrillo de medio cañón.
En la actualidad y como consecuencia de las innumerables e incontrolables construcciones que se han realizado sobre el terreno por el que transcurre la galería, es muy posible que la inmensa mayoría de la misma haya sido destruida, salvo el tramo que se encuentra bajo el Museo y en las proximidades de la mencionada torre.

A partir de este momento y a raíz de nuestro interés por la localización y posterior estudio de otras construcciones similares existentes en Cáceres, tales como pasadizos, mazmorras, aljibes o criptas, nos ponemos tras la pista de las mismas, gracias a la información de particulares, profesionales y en no pocos casos por avisos incluso de la Policía Local.
El tema del pasadizo es sin duda, uno de los más interesantes del barroco español e incluso hispanoamericano. Elemento de unión entre distintos edificios, propios generalmente del medievo.

Aún en nuestros días y por desgracia para los que nos dedicamos al apasionante mundo de la investigación, existen muchas personas que sienten gran temor a la hora de informar que en su vivienda hay zonas huecas o habitaciones ocultas, no obstante y en honor a la verdad en al menos los últimos años un gran número de ciudadanos han contactado con nosotros, para la mayoría de las veces tras laborioso trabajo tanto documental como de campo, localizar alguna construcción oculta o al menos restos de la misma.
Somos partidarios de investigar cualquier pista que den por muy absurda que pueda parecer en un principio, pues por lo general llegas a descubrir algo que parecía verdaderamente imposible de que existiese allí.

Los pasos más lógicos que deben darse a la hora de estudiar la localización de una construcción oculta o subterránea son: primero, el investigar si allí existió con anterioridad algún tipo de construcción de cierta antigüedad, remontándonos para ello a cientos de años atrás, y si es posible el localizar un plano lo más antiguo de aquél lugar. Si después de esto nos encontramos con algún pozo, estamos en la buena pista, hay que continuar con las investigaciones pero con mucho cuidado. La mayoría de las veces así iniciamos un apasionante trabajo de búsqueda y localización que puede prolongarse durante meses, pero el resultado lo merece.
Tal y como indicamos en nuestro libro, este es un trabajo de equipo y por ello me siento muy dichoso de haber contado desde un principio con un equipo inmejorable, que por supuesto igual que yo, no son profesionales en este campo, pero que han puesto toda su ilusión y esfuerzo con llevar cada tarea a feliz término. Me estoy refiriendo por supuesto a mi mujer y a mi hermano.

En contadas ocasiones nos hemos encontrado solos, ante determinadas investigaciones, esto ha sido como consecuencia de haber localizado cierta construcción cuando simplemente estábamos "curioseando" alguna pista y no era cuestión de desaprovechar la oportunidad para ir en busca de los colaboradores.
De la misma manera, en otras ocasiones hemos tenido que recurrir a distintas personas para realizar algún tipo de trabajo que requería la colaboración de numerosa mano de obra, por tratarse de la limpieza de determinada zona o la retirada de escombros o porque simplemente hubiese que descolgar con una cuerda por un significante orificio un considerable peso (varias personas), para lo cual hemos tenido que contar con amigos muy próximos, y por supuesto de gran y probada discreción.

Tanta popularidad ha alcanzado en los últimos años este tema, verdaderamente desde la aparición de nuestro libro, que en meses posteriores se han realizado unos interesantes trabajos de localización de distintas clases de construcciones subterráneas en otras localidades extremeñas, tales como: Plasencia, Badajoz o Mérida, llegando en algunos casos a encabezar estas tareas incluso miembros de sus respectivas corporaciones municipales.

La localización de construcciones ocultas en nuestro subsuelo nos ha obligado a leer mucho sobre los orígenes de nuestra ciudad, principalmente en lo referente a la civilización romana y árabe, para así y de esta manera comprender muchas cosas que anteriormente desconocíamos.

Y así y ante la acertada y documentada realidad de la ubicación de la colonia Norba Caesarina en el mismo espacio que hoy ocupa el barrio monumental, es normal encontrarse con silenciosos testigos arquitectónicos de una época crucial para Cáceres.
Desde que el mencionado libro viera la luz, hemos pasado muchas horas cambiando impresiones con varios técnicos en lo referente a la composición del subsuelo cacereño, parece que ahora compartimos similares puntos de vista. No obstante, no podemos ignorar que nuestros hallazgos y manifestaciones han roto muchos esquemas hasta ahora oficialmente establecidos, pero el mundo de la investigación es así, lo que hoy parece la última palabra mañana está desfasado.

Es verdaderamente con la civilización romana cuando se inicia en nuestra ciudad la construcción de una amplia red de cloacas que recorriendo varios kilómetros bajo la ciudad, sería posteriormente utilizadas para muy variados fines por árabes, hebreos, etc. Este es el tímido comienzo de los pasadizos o túneles, algunos de los cuales se han podido localizar, ver e incluso visitar.

Con la llegada a nuestra ciudad de los invasores almohades a partir del año 1149 un cambio sustancial se produce en lo referente a la edificación bélica fundamentalmente.

Entre torres y palacios, destacó la construcción ciclópea del Alcázar, que llegó a ocupar toda la parte alta de la ciudad monumental, es decir, la denominada actualmente plaza de San Mateo, y plaza de las Veletas. Lugar que en nuestros días ocupan los edificios del Museo Provincial, Palacio y Torre de las Cigüeñas y Convento de San Pablo (parte). Y así, sin prisas pero sin pausas, van realizando un amplio y complejo sistema de pasillos subterráneos, cuya única finalidad es la de comunicación entre los distintos edificios con el máximo de seguridad, así como para ser utilizados en caso de escape. De la misma manera se hacen varios aljibes en lugares estratégicos del recinto amurallado.
Según ciertas teorías en un gran porcentaje fue utilizado la base del sistema de cloacas romanas para la realización de estas construcciones ocultas, evidentemente con notables modificaciones.

Durante los siglos XIV, XV, XVI y principios del XVIII, se producen unos cambios profundos en aquellas construcciones subterráneas que habían sido realizadas por los musulmanes, ello como consecuencia de la aparición de gran número de palacios, casas fuertes, conventos e iglesias dentro del recinto amurallado de Cáceres, que por aquél entonces es un rectángulo irregular de sesenta y ocho mil metros cuadrados.
En la mayoría de las ocasiones se limitan a construir sobre lo hasta entonces existente, ésto al parecer en señal de supremacía, quedando debajo pasadizos, habitaciones o pozos, luego con el paso del tiempo serían utilizadas estas dependencias para muy distintos y variados fines, ello en el mejor de los casos, pues tal y como hemos podido comprobar en muchas ocasiones, se daba también la circunstancia de que con el paso del tiempo los propios propietarios se olvidaban de lo que existía bajo sus pies.

Un importante número de estas "olvidadas construcciones" salían a la luz en alguna de las restauraciones o arreglos del edificio que sobre ellas se levantaban, pero por entonces ya era tarde para aprovecharla adecuadamente. Así, de esta manera, hemos llegado a visitar lo que según la definición despistada de sus propietarios se consideraban pozos, que sin embargo en la vida habían tenido ni gota de agua, simplemente se les definía así por el lugar en el que se encontraban ubicados, generalmente patios interiores o zonas bajas de viviendas.
También es digna de destacar la interesante labor de investigación y localización realizada al respecto, principalmente en el siglo XV, por determinados miembros de la comunidad hebrea cacerense.

Tan notables y reconocidas personas amantes de la cultura, dedicaron muchos años de sus vidas a todo lo referente sobre la historia de nuestra ciudad y en especial sobre sus construcciones ocultas o subterráneas, llegando a realizar planos de sus ubicaciones y estado de conservación.
Mientras que este especial tipo de construcciones, sin diferencia alguna prácticamente en lo que a estilo se refiere, llegan en el Renacimiento a Portugal, Italia y Francia, a España lo hacen en distintas épocas diferenciándose entre ciudades con subterráneos altos y bajos, construidos en Madrid, Valladolid, León, Burgos, Avila, Salamanca, Toledo, Zamora, Sevilla y otras poblaciones.

Los pasadizos fueron característicos de las ciudades de los Habsburgos, quienes invirtieron considerables sumas de dinero en ellos, pero esto tampoco debe tomarse al pie de la letra.
Sirva de claro ejemplo el pasadizo alto, es decir, por la calle, construido en 1527 en Valladolid para llevar a bautizar al Príncipe D. Felipe desde el Palacio Real hasta la Iglesia de San Pablo.

Pero volviéndonos a centrar en la ciudad de Cáceres hay que destacar que las construcciones ocultas fueron hechas por los árabes, aprovechando la mayoría de los casos elementos más antiguos, sobre los que se hicieron notables transformaciones en la Edad Media. En lo concerniente a pasadizos o galerías subterráneas, también llamadas bajas, existe una gran mayoría que se utilizaron por nuestros antepasados para efectuar discretas visitas de un palacio a otro, o a un convento determinado, son las denominadas galerías "del amor". También los hay casi exclusivamente para salir del recinto amurallado sin ser vistos, ello fundamentalmente en tiempos de asedio y así poderse avituallar de agua y alimentos, sin que peligrasen sus vidas.
En estos diez años largos que llevamos estudiando el tema y centrado fundamentalmente en Cáceres ciudad, sin dejar por ello de mencionar los estudios realizados al respecto en ciudades de Trujillo, Plasencia, Badajoz, Mérida, Coria o Hervás, así como en determinadas localidades del vecino Portugal, nos hemos encontrado con infinidad de construcciones ocultas. Sirva como claro ejemplo que hasta este preciso instante en Cáceres se han podido estudiar cincuenta de las mismas, entre galerías, aljibes, criptas y mazmorras.
Pero antes de continuar hay que aclarar que de todos los casos estudiados solamente hemos visitado, o bien personalmente o el equipo colaborador (mi mujer y mi hermano), algo más de la veintena, el resto o han desaparecido casi en su totalidad, o los accesos están obstruidos por otras construcciones más modernas.

Y ya sin más preámbulos, comencemos a tratar una a una las distintas construcciones ocultas que nos han sido posible estudiar:


Ermita de la Magdalena

Hoy no existe en Cáceres ningún edificio con este nombre. La fábrica así llamada fue construida en el siglo XIII por D. Fernán Pérez Gallego, Maestre de la Orden de Alcántara, siendo nombrado aquel lugar y en acto solemnísimo en 1335, D. Gonzalo Martínez Oviedo como nuevo Maestre. El terreno que dicha ermita ocupaba es el que hoy tiene el jardín, el cementerio y parte del propio Convento de San Pablo (siglo XV), ubicado en la zona más alta del recinto amurallado de Cáceres, cerca de la iglesia de San Mateo (XVI). Estuvo la ermita abierta al culto hasta mediados del siglo XIV, en el que se igualó el terreno y se construyó el beatario y posteriormente el convento anteriormente mencionado.

En los años cuarenta un matrimonio que tuvo al cuidado el jardín del mencionado Cenobio de religiosas, aprovechando la gran sequía que hacía días sufría Cáceres, y observando que el pozo no tenía ni gota de agua, decidieron bajar en busca de monedas, para lo cual se sirvieron de una rudimentaria y poco segura escalera de madera, habiendo el marido descendido pocos escalones cuando observó que allí abajo existía comunicación entre varias habitaciones, y al carecer de luz, contactaron con el Director del Museo Provincial, el Sr. Ortí Belmonte, posponiendo para mejor ocasión la visita, la cual se realizó a la semana siguiente, bajando un total de tres personas. Descubrieron dos habitaciones que aún contenían en sus paredes los símbolos de los primeros cristianos, las cubiertas de las estancias eran de medio cañón. Se encontraron igualmente restos de columnas y capiteles, así como varias monedas y otros objetos.
Ya en la década de los años sesenta las propias religiosas, como consecuencia de ciertos arreglos de albañilería realizados en el propio jardín, vieron en varias ocasiones habitaciones con arcos y algunas columnas. Con posterioridad se han vertido varias toneladas de escombros y de tierra por aquél lugar por seguridad e impedir de que se produzcan hundimientos y así poder continuar con la labor de plantación de flores y árboles, lo que ha transformado notablemente todo el jardín.
Palacio de los Mayoralgos (Solar de los Blázquez)

El edificio que hoy se puede contemplar, es realmente un conjunto de distintas épocas. Existen elementos del siglo XV al XVI, pero no cabe duda de que se pueden encontrar incluso elementos de mayo antiguedad, mas si tenemos en cuenta de que nos estamos refiriendo al solar original, es decir, al primero, de los Blázquez de Cáceres. Es decir, que la base del edificio fácilmente puede remontarse al siglo XIII-XIV, pues no podemos olvidar que el fundador de este linaje, Juan Blázquez, acompañó a Alfonso IX en la reconquista de Cáceres, asentándose posteriormente aquí.

En Julio de 1988 y acompañado por varios colaboradores, según invitación hecha por los entonces dueños de dicho palacio, accedimos al patio interior donde se nos enseñó lo que aquella familia había considerado al menos en los últimos cien años como el brocal de un pozo en desuso, lo que había motivado que se vertiese en su interior una gran cantidad de desperdicios. Hecho el oportuno estudio, llegamos a nuestra particular opinión de que aquello no había sido nunca un pozo, motivo por el que solicitamos de sus dueños el permiso necesario para intentar vaciar todo lo allí contenido.
Después de un mes de agotador trabajo en el que siete personas ayudadas por varios cubos, palas y cogedores, sacamos una nada despreciable cantidad de escombros y desperdicios, vertimos posteriormente varios miles de litros de agua, lo que facilitó el acceso a aquella estancia en el mes de septiembre del mismo año.

Varias fueron las personas que pudieron descender unos tres metros por debajo del suelo actual, entre los que desgraciadamente no puedo incluirme por mi considerable peso y altura, pues no podemos olvidar que se bajaba a los voluntarios a pulso con una cuerda de alpinismo. Estos primeros afortunados se encontraron en una habitación de unos siete metros de larga por cuatro de ancha y casi tres de alta, con el techo a medio cañón a ladrillo descubierto.
En estas condiciones se realizaron al menos media docena de visitas, efectuando las correspondientes mediciones, así como no pocas fotografías, al tiempo en que se seguía trabajando en el vaciado de la habitación hasta llegar a sacar el 50% de su contenido.

En el mes de septiembre descubrimos otros accesos a la mencionada habitación, también por el techo, encontrando otro orificio a unos tres metros de distancia del primero y ligeramente más pequeño que aquél, lo realmente curioso es que se encuentra exactamente debajo del muro que divide el patio en dos a distinta altura. Lo que vino a demostrar que los accesos a la estancia subterránea tenían por lo menos entre doscientos y trescientos años de antigüedad.
Desgraciadamente nos vimos obligados a abandonar la tarea de investigación a medias por la llegada de las primeras lluvias en el mes de septiembre.
No fue hasta el verano del año 1990 cuando pudimos volver al palacio de los Mayoralgos. Por el nuevo acceso pude bajar a la estancia descubierta en 1988 junto con un colaborador y gracias a una escala.

Tras un minucioso estudio descubrimos grandes fragmentos del lucido primitivo en la mencionada estancia, un zócalo pintado de rojo oscuro, y la existencia de unos toscos restos de dibujos que representaban figuras humanas y grandes ojos.

Al extremo contrario del primer acceso, localizamos lo que consideramos escalones, que podían llevar a otra u otras habitaciones situadas debajo de ésta y que su ubicación podría muy bien estar bajo los Adarves, es decir, saliendo del recinto amurallado. No podemos olvidar que este palacio fue levantado en el siglo XIV sobre doce viviendas que ocupaban aquel terreno, lo que nos da a pensar que esta habitación subterránea es parte de una de aquellas viviendas, con sus correspondientes tomas de aire.
Por desgracia para nosotros en el verano de 1992 es vendido el palacio, lo que nos impidió llevar a término nuestras investigaciones.


Palacio de los Gaitán

Realmente esta es una denominación bastante antigua, pues hoy se le conoce como Casa-Solar de los Aldanas.
Está situada en la cuesta del mismo nombre, cerca del templo de San Mateo y unida a la Casa de los Sandes o del Aguila.

La historia nos dice que Rodrigo Alvarez de Aldana vino a Cáceres en el siglo XIV, casando con Doña Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor comprando a D. Alfón Pérez Gaitán, Regidor del Ayuntamiento, la casa en que éste vivía, quedando así constituido el solar de las Aldanas.
En el actual siglo sufre este edificio todo tipo de castigos: primero y durante varios años se encontró sumido en un total abandono, para pasar a convertirse en vivienda, volvió a cerrarse la parte baja por algún tiempo para seguidamente ser transformada en restaurante en la década de los años ochenta. Pero curiosamente durante todo este tiempo la zona existente debajo de la planta baja, lo que podemos denominar el sótano, permaneció invariable durante al menos una centuria.

No es hasta el 16 de enero de 1991 cuando pudimos acceder por primera vez a estas construcciones subterráneas, habiendo empleado con anterioridad unos quince días en sacar con una moto-bomba los miles de litros de agua que inundaban esta zona. Después de descender por media docena de escalones observé dos pisos muy diferenciados y separados por un pequeño muro de albañilería. En primer término y a mano derecha según se desciende, me encontré con dos habitaciones: una al lado de la otra. La primera más pequeña y baja. La segunda es bastante más espaciosa y en dos de sus laterales conservaba unos pollos de mampostería; así como ciertos orificios en la pared y argollas metálicas. En la planta más baja observé una amplia zona que parecía un enorme depósito de agua, hecho en la propia roca y con pequeñas cavidades -al parecer realizadas por la mano humana-, al frente un muro que fue levantado no hace muchos años para separar ésta de la zona subterránea de la denominada popularmente Casa del Aguila. Pero continuando a mano derecha de este enorme depósito, es decir, prácticamente debajo de las dos habitaciones anteriormente descritas, localicé lo que parecían ser dos entradas de pasadizos con dirección de la Casa del Mono (siglo XV), con una inclinación de unos sesenta grados.
A los pocos días pude realizar una segunda y tercera visita a aquel lugar y más detenidamente estudiar cada una de las zonas de tan peculiar construcción. Encontramos huesos que posteriormente nos indicaron que son de asno, cordero y gato, así como pequeños fragmentos de barro y cristal. Acompañado por un colaborador (mi cuñado), nos introducimos en las supuestas entradas a las galerías que iban dirección a la Casa del Mono, después de un incómodo recorrido a los pocos metros nos vimos obligados a interrumpir nuestro "paseo" ya que un derrumbamiento nos impidió continuar. La humedad era considerable lo cual nos dificultaba la respiración. No hay que olvidar que esta construcción permanecía prácticamente todo el año inundada por el agua que emana de las dos cavidades hechas en el suelo de esta estancia, así como por filtraciones del pozo que existe en las proximidades.
Algo más de dos años después dos colaboradores bajaron al pozo del antiguamente denominado Museo del Mono (siglo XV), hoy Biblioteca Alonso Zamora Vicente, localizando tal y como era de esperar, lo que quedaba de una antigua comunicación subterránea con alguno de los palacios de los alrededores. Aparentemente se descubrían dos direcciones, una hacia el Palacio de los Gaitán o Casa de Aldana y otra hacia la Facultad o fuera de la muralla, cerca del lugar que de antiguo ocupó el Ayuntamiento. Desgraciadamente y como consecuencia de las toneladas de escombros vertidas dentro del pozo cuando se realizó la restauración del edificio en su última fase (principio de los ochenta), dificultaron notablemente el poder recorrer la totalidad del pozo y por consiguiente las comunicaciones subterráneas.
A continuación paso a tratar los hallazgos efectuados en otro edificio del recinto amurallado cacerense.


S.I. Concatedral de Santa María La Mayor

En lo referente a este templo habría que hablar largo y tendido, pues en los años que llevamos estudiándolo (desde el verano de 1984) hemos encontrado infinidad de motivos para llenar gran número de folios: enterramientos antiguos (siglo XIV), zonas huecas, escaleras tapiadas, pinturas semidestruidas, etc. Pero en esta ocasión tan sólo vamos a hacer referencia a lo que desde el momento de su descubrimiento se ha bautizado como "cripta del Cristo Negro".
En el hoy lejano verano del año 1989 y como consecuencia de haberse partido la losa que tapaba los enterramientos existentes en el suelo de la capilla de los Blázquez del mencionado templo, situada al lado de la epístola, entre el altar mayor y la Sacristía mayor, hoy convertida en museo, fuimos llamados por el entonces obispo, D. Jesús Domínguez Gómez, a fin de que descendiésemos allí para ver lo que había y poderle informar, ya que era su intención ser enterrado en dicho lugar a los pies de la imagen de un Crucificado del siglo XIV, conocido popularmente como Cristo Negro.
Entre agosto y septiembre de aquél 1989, realizamos tres bajadas a una habitación de algo más de 170 cm. de alta por poco más de ancha y unos tres metros de larga. Allí estaban los huesos de al menos siete personas, adultos, que aunque en un principio creíamos se trataban de antiguos miembros de la Hermandad, posteriores investigaciones demostraron que eran restos de miembros de las familias nobles cacerenses, Blázquez y Ovando, cuyos escudos aparecen en los laterales de dicha capilla. Queda aún por saber si continúa en aquel lugar el supuesto obispo que en su día fue enterrado.

Encontramos en aquella cripta cuatro suelas de sandalias, clavos de distintos tamaños, fragmentos de madera de las cajas, así como de telas de las ropas, y un rudimentario cordón y cruz de madera. Tras minucioso estudio realizado en siguientes visitas, observamos que el suelo de la mencionada cripta era artificial, es decir que no era el auténtico ya que se encontraba relleno de tierra. Por esas mismas fechas antiguos sirvientes nos informan del pasadizo que los Ovando construyeron entre los siglos XVI-XVII entre el palacio de su propiedad, hoy de los descendientes del Conde de Canilleros, y este templo. Hasta la actualidad éste no ha sido aún localizado, pero salía de la leñera del mencionado palacio y es muy posible que llegase por esta zona de la Iglesia, mas si tenemos en cuenta que esta capilla fue construida y costeada por la familia Ovando.
Para respaldar esta teoría hubiese bastado con haber podido vaciar el suelo de la cripta, pero la inesperada enfermedad del Sr. Obispo y su posterior fallecimiento, provocaron unos trabajos de albañilería para acoger a quien en vida fue D. Jesús Domínguez Gómez, Obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres, al lado de los otros siete restos humanos que gozan de tan especial lugar de enterramiento.


Oratorio/Enfermería/Convento de San Pedro de Alcántara

Después del fracaso en dos ocasiones anteriores, logramos acceder en el mes de Julio de 1991, y gracias a la atención de los obreros que allí estaban en aquél momento trabajando, a este edificio religioso que está situado frente a la Audiencia Territorial de Extremadura.
Por encima de todos los tejados de esta zona que parecen ahogar a este noble edificio, sobresale la cúpula de una capilla desconocida para la gran mayoría de los cacereños. Una vez dentro descubrimos restos de aquellas edificaciones inauguradas el 5 de agosto del año del Señor de 1718, sobre un terreno donado por D. Juan Sánchez Digán, según testamento realizado en 1668, edificio donde residieron durante muchos años la Comunidad de Franciscanos Descalzos que existió en Cáceres, lo que provocó abundantes enfrentamientos entre las distintas órdenes religiosas establecidas en esta ciudad, teniendo incluso que intervenir el propio Obispo.

A pesar de acceder a mencionado edificio en una época en el que estaba lleno de andamios, ladrillos y escombros, así como de todo tipo de muebles repartidos por habitaciones y pasillos, además de la capilla, todo ello debido a las profundas obras de rehabilitación que se estaban realizando, pudimos apreciar la gran belleza que debió tener este edificio en los primeros tiempos de su construcción, hoy desgraciadamente muy transformado.
Lo que nos llamó realmente la atención fue el descubrir que lo que en la actual es un pasillo, localizado debajo de la propia capilla, ha permanecido inexplicablemente durante al menos los últimos treinta años oculto (galería subterránea), en medio del cual se descubrió un pozo que según nuestras notas se comunica con un amplio aljibe por donde a su vez atravesando la calle se podría acceder al actual palacio de Justicia, antiguo Hospital de la Piedad (siglo XVII). En esta primera visita se estudió la posibilidad de descender al mencionado pozo para así poder localizar dicho lugar, tarea que por distintos motivos hubo que dejar para mejor ocasión.

De igual modo vimos y visitamos estancias que habiendo permanecido ocultas o simplemente disimuladas en los últimos años, ahora profundamente profundamente transformadas, iban a ser utilizadas para muy distintos fines, tales como trastero, despensa, leñera, etc., pero que fueron hechas como depósito de cadáveres, o lugar donde tener a enfermos incurables.
Aún continúa sin aparecer el antiguo aljibe. Con la obra allí realizada en la actualidad no se sabe cual es la habitación original y la que fue hecha en los orígenes del edificio.

En el verano de 1992 intentamos realizar una segunda visita a este edificio pero las religiosas propietarias del mismo no nos autorizaron a ello y menos aún al ir con cámara fotográfica.
Queremos pensar que con los trabajos de albañilería que se le puedan realizar en los próximos años sobre este Convento puedan aparecer nuevos elementos relativos a sus dependencias subterráneas.


Palacio Episcopal

En este edificio hemos encontrado dos tipos de construcciones ocultos muy distintos. La primera se refiere a un gran aljibe que en sus orígenes ocupaba todo el actual patio y por el cual se accedía por una ventana a una pequeña estancia, que fue construida hace muchos años para que en caso de inminente peligro poder allí esconder todo lo que se considerase de valor.

El Obispo Galarza llegó a ver dicho aljibe en su práctica totalidad y el investigador D. Miguel A. Ortí Belmonte le dedicó no poco tiempo para su localización y posterior estudio.

Cuando el Obispo D. Manuel Llopis Iborra realiza las obras de acondicionamiento en dicho palacio, vuelve a salir a la luz este aljibe, pero el tema es rápidamente olvidado por considerar muy costoso su arreglo y manutención.
Es más que probable que si estudiásemos detalladamente este palacio, nos encontraríamos con restos de numerosas construcciones de muy variados tipos. La primera obra de edificación se remonta al año 1261, cuando se construyen las por entonces denominadas "Casas Episcopales". En 1418 nuevas obras de remodelación llevadas a cabo bajo la dirección del entonces Obispo de nuestra Diócesis, Fray García de Castronuño, que construye gran parte del edificio que hoy podemos apreciar, produciéndose en 1544 nuevas e importantes obras, añadiéndose al palacio el terreno de casas colindantes.
La otra construcción subterránea localizada en este palacio es un pasadizo que fue descubierto en la década de los años sesenta, y que según la información, llegaba hasta el Palacio de la Concepción, atravesando para ello toda la Plaza Mayor. Según parece en los primeros metros de su recorrido fue visitado por un sacerdote, manifestando que se encontraba en muy buen estado de conservación a pesar del elevado grado de humedad allí reinante y el mal olor.

Existe, no obstante, otra información respecto a este pasadizo que dice lo siguiente: "Al realizarse unas obras en la Plaza Mayor, en las proximidades de la torre llamada de Bujaco (siglo XII), se cortó un pasadizo que unía el palacio Episcopal con la Casa de los Trucos, encontrando asimismo otro que debe ser el que llega hasta el conocido Paseo Alto, o sus inmediaciones", según declaraciones del investigador cacerense del siglo XVIII, D. Simón Benito Boxoyo.
La llamada popularmente Casa de los Trucos, es decir el Palacio de los Galarza, fue comprada por el Obispo de Coria, D. García de Galarza, a la familia Dávila, quienes la habían obtenido de los Cohen, (hebreos), cuando éstos fueron expulsados por los Reyes Católicos de toda España en el año 1492, siendo durante mucho tiempo aquel palacio, residencia del insigne rabino cacereño Sargas Cohen.
Se da la circunstancia que fue este Cohen un gran entusiasta de todo lo relativo a misterios y leyendas que por aquél entonces se daban en nuestra ciudad, llegando a afirmar alguien que fue en el seno de esta familia donde se comenzaron a hacer estudios e incluso a construir habitaciones o galerías subterráneas, de ahí la palabra "truco".

Evidentemente el presente estudio no finaliza aquí, ni mucho menos, pues existen infinidad de construcciones ocultas que están repartidas por prácticamente toda la ciudad monumental de Cáceres y alrededores, así como por toda la provincia.

Alonso Corrales Gaitán

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