domingo, 24 de enero de 2010

En la boca del lobo

¡Qué sensaciones tan contradictorias!
Así describiría la experiencia previa a la entrada en una cueva, sima o mina. Entrar en la oscuridad, lo desconocido, lo ignoto.
Se tilda de loco al espeleólogo por sumergirse en los efluvios telúricos de la Madre Tierra. Más bien sería un temerario, pues conocer los riesgos es estar prevenido contra ellos. Un buen espeleólogo debe siempre estar informado, preparado físicamente y mentalmente equilibrado para garantizar el éxito de la experiencia.
He conocido a unos cuantos aficionados y profesionales de esta materia y he de decir que suelen ser personas cuidadosas en muchos sentidos. La educación espeleológica se logra compartiendo la experiencia con los que saben más y si son profesionales, mejor. Mis compañeros de viaje por el queso gruyere cántabro se circunscribieron sustancialmente a los componentes del Speleo Club Cántabro. Ya en Extremadura, donde apenas existe afición, he compartido algunos buenos ratos con el equipo del GETA y de la Sociedad Espeleológica GES. Pero sobre todo con mis compañeros de la Junta de Extremadura y muy especialmente con "Francis" (Francisco Javier Fdez.-Amo), el espeleólogo extremeño más entusiasta.
A todos les doy las gracias. Y de ellos destacaría un factor primordial en mi aprendizaje, cual es la precaución, que he intentado transmitir a todos los que me han acompañado hasta la fecha y que no tenían tanta experiencia. Creo que es el mejor regalo que se puede dar a un compañero de aventuras, sean subterráneas o no. Las cuevas y las minas de interior no son lugares para el juego y la aventura gratuita.
La precaución es un concepto muy amplio y, en el caso de la espeleología, abarca la prudencia en un sentido general a la hora de desenvolverse por una cueva. Pero también el respeto por los lugareños y por su fauna y flora. Estos conceptos, que hoy en día parecen más connaturales que antaño, no son fáciles de enseñar ni aprender. El amor por la naturaleza facilita mucho el camino. Reconozco que en mi caso lo he tenido fácil. Pero no todo el mundo tiene esta oportunidad. Así que recomiendo que cualquiera que quiera aventurarse en el mundillo espeleológico, como deporte o como ciencia, lo haga de la mano de personas experimentadas, que las hay, también en Extremadura.
Suerte y buen viaje.
EREBUS

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